
Probablemente el sándalo más reconocible de la perfumería moderna — tanto que cruzó la barrera del nicho y se volvió cultural. Entra con un golpe seco de cardamomo e iris, casi áspero, con violeta que lo suaviza apenas. Después se abre el corazón: cuero y un sándalo cremoso, ahumado, sostenido por cedro y papiro. El almizcle del fondo lo vuelve abrazable. Es seco, andrógino y adictivo — de los que la gente reconoce de lejos.
Cómo evoluciona
Arranca punzante y especiado, se ablanda hacia un sándalo lechoso y cuero suave. El drydown es mucho más cálido que la apertura.
- cardamomo
- iris
- violeta
- cuero
- sándalo
- cedro
- papiro
- almizcle
- ámbar
La historia detrás
La historia de cómo nació es de las mejores del nicho moderno. Cuando Le Labo abrió en 2006, el perfumista Frank Voelkl (de Firmenich) había trabajado un sándalo que a los fundadores no los convenció como perfume, así que lo convirtieron en vela: Santal 26. Esa vela se volvió un fenómeno —se cuenta que llegó a representar cerca del 70% de la facturación de la marca en los primeros años. Recién en 2011, ante la demanda, Voelkl reformuló la fórmula para hacerla más profunda y la lanzaron como perfume: Santal 33. El "33", según la casa, es el número de ingredientes de la composición. La inspiración declarada es el Marlboro Man —el vaquero solitario frente al fuego— filtrado por una mirada urbana y minimalista.
Ideal para



Todo el año, unisex real, día y noche. Versátil como pocos.